El
karma no es un castigo, no es una culpa a pagar, sino más bien una lección a aprender.
Grupo
Elron.-
El termino
Karma comienza a utilizarse en el siglo diecinueve, en algunas religiones Hindúes. Fué
designada a una de las más importantes leyes de la naturaleza. Infinita en su funcionamiento, esta ley actúa continuamente
dentro del cosmos. El Karma es compañera inseparable de la
Reencarnación. Estas dos leyes estan tan inseparablemente
entrelazadas, que es casi imposible tratar particularmente una de las dos. Ningún lugar, ni
ningún ser en el cosmos está exento de la acción de la ley del Karma, sino que todos están bajo su influencia, responsabilizados
por los errores cometidos y más sin embargo no siendo castigo sino lecciones que aprender, van dirigidos benéficamente a través
de la disciplina, hacia las remotas cumbres de perfección.
Esta es
la ley de la causalidad ética, de justicia, de responsabilidad y aprendizaje; la
causa del nacimiento y del renacimiento; pero es también al mismo tiempo el instrumento para librarse de nacer y de renacer.
Karma es meramente el efecto que emana de una causa, la acción y su reacción, el resultado exacto de cada acción. Debemos
contemplar el Universo como un todo inteligente; por lo tanto, todo movimiento en el Universo es una acción de ese todo conduciendo
a resultados, los cuales de por sí se convierten en las causas de resultados ulteriores.
El Karma
no es un ser sino una ley; la ley universal de la armonía, que indefectiblemente
reestablece todo desorden al equilibrio. Infaliblemente esta teoría entra en conflicto con la idea básica acerca de Dios,
basada en las religiones tradicionales, las cuales conciben al Todopoderoso, como una entidad
pensante, únicamente externa al Cosmos, construye, pero juzga su propia construcción como inarmónica, desproporcionada,
errática y desordenada, y entonces se siente obligado a la fuerza a derribar, destruir o castigar a aquellos que El mismo
a creado. Este concepto tan errático ha obligado a gran parte de la humanidad a vivir en el temor a Dios, en cumplimiento
de sus supuestos mandamientos, y con el propósito egoísta de obtener recompensa y lograr escaparse de su ira; a otros los
ha arrojado dentro del abismo tenebroso que surge de la negación de toda vida espiritual.
No es más
de esperarse que la envidia, cuando los pobres no encuentran refugio ni esperanza, implorando a gritos a un Dios que jamás
responde, mientras observan el bienestar y las oportunidades de los ricos. Ellos
recuren a los instructores religiosos de turno, para cuestionar concerniente a la justicia que permite tal miseria a seres
que nada hicieron para merecer el haber nacido sin recurso, sin oportunidades de educación, sin capacidad de discernimiento
de trascender los obstáculos sociales, raciales o circunstanciales, ellos reciben la respuesta de que “ESA ES LA VOLUNTAD DE
DIOS”. Es así que en todas las circunstancias de la vida que la aflicción
destroce la felicidad del hombre, como la muerte, las vicisitudes, las desilusiones, etc., continuamente
asedian a los hombres buenos y malos a la vez. Pero en ninguna parte se encuentra una respuesta correcta o un alivio, excepto
en la antigua verdad de que cada hombre es el creador y arquitecto de su propio destino; siendo el mismo que pone en movimiento
las causas de propia felicidad y miseria. Pues es así y será que la ley de Karma
conduce y guía al hombre.
La ley del
Karma es esencialmente benéfica y enteramente compasiva, teniendo un contenido eminentemente de amor divino, porque la misericordia
divina no es favor, sino amor puro impersonal.
Juan Fortunato.-