Si pensamos que para elevarnos espiritualmente, basta con elevar pensamientos puros,
y pasar muchos tiempos, ya sea meditando o en la Iglesia, pues estamos tomando la vía más simple y fácil.
Tampoco podemos pensar que lo lograremos pasando al otro extremo, a través de lo material,
canalizando ese amor que creemos que es real.
Pues, si nos alejáramos, sea a meditar o a pasa la mayor del tiempo en la Iglesia, estamos
siendo egoístas, no le estamos sirviendo a nadie, ni siquiera a nosotros mismos; porque servirle a Dios
es asumir una actitud altruista hacia nuestro semejante, a través de un amor puro.
Un amor puro, implica necesariamente integrar el ego con el espíritu, que trascendiendo lo
personal se aprenda a dar sin pedir. Realmente para elevarnos espiritualmente tenemos que canalizar ese amor verdadero.
Para reconocer y entender ese amor puro, tenemos que visualizar a Dios en el interior de
cada uno de nuestro semejante. No es nada fácil, porque estamos muy condicionados a ver la parte física de la persona y aceptarla
o rechazarla según la impresión que nos produzca. No debemos fijarnos en su piel, en su pelo, en su cara, en sus ojos…
Porque quizás no refleja lo que es esa alma, ese espíritu, que es lo que realmente somos.
Quizás no estemos preparados para ver a Dios en cada uno de nuestro semejante, porque estamos
muy ocupados con nuestro ego y las cosas materiales. Y dejemos pasar la oportunidad de crecer espiritualmente.
Porque no somos capaces de ver más allá de un rostro de un niño que llora de hambre, de un anciano que tiembla de frío y sin
saber donde dormirá esa noche… Entonces seremos uno más del montón, donde prevalece lo material. Donde llegaremos a
confundir el vivir con el sobrevivir; y seremos tan básico, tan elemental… que solo la misericordia
de Dios, es que estemos a tiempo.
MEJOR FUTURO.-
El apego es la causa del sufrimiento.
La "Iluminación" borra
la sombra del Yo
y elimina la angustia.
Siddartha Gautama.-
Amaos los unos a los otros y a vuestro prójimo
como a vosotros mismos.
Jesús de Nazareth.-
La verdadera ofrenda es el Servicio.
Porque así como la "Iluminación" hace que uno se
encuentre
consigo mismo, el Amor logra que uno
se encuentre con
el otro y el Servicio permite la
integración de la Luz y el
Amor en un solo efecto.
Prof. Jorge Raúl Olguín.-